La evaluación
La
evaluación de los estudiantes es una de
las actividades transversales dentro de las prácticas de aula. En esta reseña
se abordará el tema de la evaluación con una mirada introspectiva analizando
cómo la práctica docente influye en el aprendizaje de los estudiantes.
En los textos “Dime cómo evalúas y te diré qué tipo de profesional y de persona
eres” (Santos, 2003) y “Frankestein educador” (Meirieu, 1998) se analizan los conceptos y actitudes
que tienen los docentes sobre la evaluación.
El objetivo de los autores es evidenciar que la evaluación es un proceso
profundamente humano, que tiene en cuenta las concepciones e ideales tanto del
evaluador como del evaluado. La verdadera evaluación no es un proceso de
fabricación y va más allá de una actividad mecánica que permite colocar una determinada nota
aprobatoria o reprobatoria.
Una de
las ideas más impactantes trabajadas en los textos es que la decisión de
aprender está en el estudiante, porque el estudiante se construye a si mismo
con ayuda o mediación del docente.
Esta
decisión de aprender entra en contraste con la decisión sobre los contenidos
que deberían aprender los estudiantes, los cuales llegan direccionados desde el
Estado y son filtrados por el docente; entendiendo que este filtro puede llegar
a ser bastante subjetivo ya que está condicionado por su cultura, su formación
académica y su propia experiencia escolar.
Por lo
tanto, si el estudiante no encuentra pertinencia o como dice Santos valor de
uso sobre los conocimientos que recibe en la escuela, es posible que se aislé
mentalmente del proceso de enseñanza aprendizaje y se auto capacite en el
proceso de obtener notas buenas o aceptables para pasar el año. Nos encontramos
entonces con estudiantes que desarrollan habilidades para aprobar exámenes,
“llevarle la corriente al profesor” y graduarse con aprendizajes superficiales
y momentáneos.
Se
dice mucho en reuniones de docentes, que la falta de motivación es un problema
generalizado en los estudiantes, que cada vez son más perezosos, que ya no quieren aprender. Cabe preguntarse aquí
cuales son los procesos que como docente estoy generando para propiciar el
deseo de aprender en los estudiantes.
Entonces,
si bien es cierto que el estudiante es quien decide aprender, también es cierto
que es un ser humano en proceso de maduración y construcción y por lo tanto
requiere de un adulto (léase profesor) con formación para la enseñanza, que le
brinde herramientas que le permitan apropiarse de los conocimientos del mundo.
Referencias
Meireu, P. (1998). Frankestein educador.
Barcelona: Editorial Laertes.
Santos, M. (2003). Dime
cómo evalúas y te diré que tipo de profesional y de persona eres. Revista
Enfoques Educacionales, 5(1), 69-80.

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